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Opinión

Descuido

«Padezco el desencuentro de sus manos hoy ajenas a mí. Tengo la sonrisa derruida al saber que otros besos la estremecen»

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Epílogo

La extraña sensación del encuentro libra dentro de mí una batalla de sentidos que se disparan sin un orden conocido. Sólo su mirar hace que deponga mis armas y desestime aquello que una vez asentí como voraz y único. Es un placer conocer que hace, que siente, como me miente en la lejanía de su mirada felina.

Padezco el desencuentro de sus manos hoy ajenas a mí. Tengo la sonrisa derruida al saber que otros besos la estremecen y la inquietan tanto como yo pudiera hacerlo. Ahora que tengo un doctorado en lencería, limito mis conocimientos a fijar mi mirada en su cabello, en sus palabras, en su calor incipiente que colman todo mi ser.

Es una lucha displicente de querer y olvidar en otras sábanas lo que llevo tatuado en mi corazón. Un corazón con infinidad de cuartos lleno de putas y de amores perdidos, de besos olvidados y de esencias de damas que daban amor de un día.

I

Quien la ve a primera vista teme repentinamente al saberla audaz y prepotente. Su inquietante manera de moverse expresa el repudio que posee ante todo aquello que está segura no es para ella. Sus ademanes de princesa fomenta en las cercanías sismos de acontecimientos que van desde la necesidad de rozarla hasta solo verla a lo lejos, cuando se despide de todos.

Ella es la afrodita activa, presente y deseable. Enamora con el elixir de sus palabras y genera heridas profusas con miradas de miel. Su olor a durazno, su piel de seda y sus ojos intensos de cazadora son la muestra palpable que inquieta a los guerreros en el fragor de una batalla ya perdida antes de iniciarla.

Escucharla es placentero. Sientes la cercanía del cielo en cada palabra dibujada en sus labios. Cada vocablo hace que te exasperes y padezcas la desesperación de los cantos de sirenas. Su silencio es salvaje y retumba en tus sentidos. No deseas que cesen sus sonidos. Es droga fastuosa para morir poco a poco sin dolor y con goce.

Su caminar deleita. Sus movimientos deducen pensamientos irracionales que describen el lúgubre e inmutable lado de la cama que aún permanece vacío. Ella sin embargo, con todos a sus pies, te ausculta y con una mueca de lástima te aleja lacerado con la convicción de no exponerse nuevamente a respirar el aire que la acompaña y la hace dueña de su mundo y en ese instante del tuyo.

II

La recuerdo con visos de dulzura. Nunca tuve la oportunidad de respirarla, solo de observarla mientras otros brazos me asfixiaban. Siempre la sentí como la despedida consciente de mis oportunidades. Las pocas encrucijadas de allegarme estaban enmarcadas en comentarios nefastos y dolorosos que limitaban el beso de bienvenida y nuevamente la veía alejarse, como la diosa que era y que hoy es.

Su signo era inexcusable. Enceguecía a todos. Nadie podía estar cerca sin sufrir las heridas del resplandeciente cometa que la protegía. Luchó con la delicadeza de las princesas y fue la victoria más respetada que aún hoy recuerdo en cada palabra que describo y en los desamores que se acuñaron en todo mi costado.

Luego desapareció. Se oculto de mi círculo vicioso y se adentro a una nueva etapa de logros y desilusiones que la hicieron más mujer, más ella, más toda.

III

Hace algunos meses la descubrí (en compañía de su porvenir)

IV

La respiro con palabras, la siento con frases, le temo con canciones y la descubro cerca muy cerca de mí en cada sensación de avistarnos en algún lugar lejos de todos y cerca de nosotros.

Hoy mantiene la postura de princesa que enloquece, hoy su olor a durazno inunda el espacio cuando con una humareda saca de sí el extraño olor a nicotina. Su piel de seda eriza con su cercanía mientras sus ojos de felina siguen cuidando, su vida, la vida.

fantasmasazules.blogspot.com

@benemerito2010

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