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Opinión

El turno al bate de Stalin González

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Bienvenidos a este juego de Ligas Mayores y no Grandes Ligas donde en medio de la persecución política, la dictadura, el hambre y la migración, siempre hay tiempo para una birra, el hot dog y esa buena silla que amortigua los problemas de 30 millones de venezolanos. Las críticas resbalan sobre el indiferente bloqueador de actores y politiqueros.

Parte Baja del octavo inning y es el turno del segundo bateador designado Stalin González. Desprevenido y escapado del home de sesiones, le viene una recta que no sabe si podrá batear. No hay tiempo de amagar. El pitcher desde el montículo de las redes sociales observa esa bola ir hacia el cátcher de la inconformidad y desesperanza. Millones de espectadores en las gradas hacen un molesto ruido de silencio cuando solo se escucha el silbido de la opinión pública durante su trayectoria.

El marcador muestra dos outs, corredores en primera y segunda. La confianza está depositada en él y todo su equipo, aunque sigan abajo en la pizarra. La tensión de segundos pareciera de años. Los aficionados, mientras siguen el desplazamiento del cuero lanzado, recuerdan cada inning del cotejo. No ven carreras sino persecuciones, no observan batazos sino balazos. Cada almohadilla es un exilio, aunque para llegar ella, el acosado se deba arrastrar. Sobre la tierra teñida de sangre, el toque de bola es un golpe y el out un asesinato. Sigue la cocida y va a mitad de camino mientras el bateador designado sonríe, no sabemos si por miedo o porque, en medio de la tragedia que padece Venezuela, cuando se juega, también se debe disfrutar por unos días para no claudicar.

Dentro de las tribunas, a la par, otras historias se tejen. Uno de los asistentes pide una salchicha al vendedor, pero como en aquella cuña navideña, la respuesta fue: “no mi amor, los vendí todos”. El que pide agua, obtiene un chaparrón de sequía y el que solicita una pastilla le dan un link en su celular sin datos para que lo pida a domicilio por Gofundme. Al ver un mal juego y sin poder comer, tomar o aliviarse, muchos deciden irse del estadio, aunque el partido se lleve en su propia casa. Fuera del campo, son esperados por coyotes quienes los roban, humillan y devoran.

Stalin, prestado para el encuentro, toma con fuerza su bate del discurso porque sabe que el flash de la egolatría, la adulación y el “llevar pal rancho” está encendido. RRSS, como buen pitcher, endereza su lead y cuerpo después del lanzamiento. Le gritan traidor, contra, colaboracionista, guerrero del teclado y más. Incólume y de mirada fija, la indignación le dio empuje para disparar esa bola que será bateada, tal vez, por el designado que se quiso poner sobre el diamante; él no lo escogió.

Bateador de manos más endebles que su discurso, suda, y cuando la pelota se acerca, se da cuenta que el madero hecho con la leña del árbol caído podría romperse si la recta es recibida con el mango del palo.

Viene la bola, el bateador levanta sus codos y… No sabremos qué pasó porque se acaba de ir la luz.

Opinión

Asalto al Parlamento

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Mi reloj marcaba las 7:49 a.m. cuando me topé con la primera lista de acceso que tenía un coronel en la entrada del Palacio Legislativo, mientras hablaba por teléfono indicando a un superior que el dispositivo de seguridad estaba instalado desde las 5 de la mañana, me indicó que debía ir al Teatro Principal para acreditarme como periodista. La lista que él tenía en sus manos no era de periodistas, era una lista de diputados, con nombre y fotos que no podían entrar a la AN.

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Juiciosamente caminé 3 cuadras hasta llegar al Teatro Principal, ese que queda en la Plaza Bolívar, a esa hora ya los abuelitos hacían largas colas para comprar con el Petro; me dirigí a la sala dispuesta para «acreditación de medios nacionales e internacionales», todo parecía normal…pero sería el inicio de un sube y baja que no terminó nunca.

—Hola buenos días, trabajo para dos medios estoy en la lista de prensa de AN, pero me mandaron para acá a acreditarme…
—Hola linda, dame tu cédula para buscarte…
_ (…)
—No, no estas, tienes que preguntar bien, porque en esta lista no estas.
—Gracias

Ni estaba ni iba a estar nunca, porque pude ver que la lista que ellas tenían era una lista suministrada por el Minci, donde VTV, Antv, Telesur, RT, AVN y emisoras y otros medios que no pude ver eran los únicos acreditados para poder ingresar y darle cobertura a las elecciones de la junta directiva de la Asamblea Nacional para el período 2020-2021.

Acto seguido, llamé a la encargada de prensa de la AN para que me indicara qué hacer…

—Pajaritos, vente, allá es chavismo.

¡Bingo!, pensé. Sin saber que sería el segundo baja el telón del día; caminé rápidamente hasta Pajaritos, ya habían más efectivos de la GNB y de la PNB en las calles que conducen al Palacio. Al llegar a Pajaritos, ya estaban unos 20 periodistas de CNN, Telemundo, Tal Cual, Voa Noticias, El Pitazo, Caraota Digital, Tv Venezuela, Vivo Play, Caracol, Blu Radio, Globovisión; acompañados de técnicos y camarógrafos esperando instrucciones para poder ubicarse.

La convocatoria de prensa fue a las 8:30. a.m. «Puntual».

Eran las 8:25 a.m. y ninguno de nosotros sabía qué hacer. En escasos minutos nos saludó el jefe de prensa de la AN, Ewdard Rodríguez y le informé que había ido al Teatro y no tenían idea de que nosotros estábamos acreditados.

—Bueno, vamos a llevar nuestra lista, porque ya la acreditación no es por aquí, vamos todos hasta allá…

Y eso hicimos, más de 30 periodistas y su equipo de técnicos, fotógrafos y camarógrafos subimos hasta la Plaza Bolívar.

Ya en ese momento, otros estaban buscándose en la lista para poder acreditarse. Cada uno de nosotros paso y efectivamente era la misma lista. Solo que ahora tenían a un lado la de los diputados que no podían entrar a la AN, esa lista sí estaba en los puntos de control…

Tras esperar unos 30 minutos, nos dimos cuenta de que nadie estaba en la lista, de que nadie iba a subir la lista y debíamos decidir qué hacer…

—Esta lista fue una depuración que hicimos ya que la que teníamos era de 387 periodistas, técnicos y camarógrafos que iban a entrar y allí no caben todos. Hicimos una reducción hasta 100 para que puedan entrar todos.
—Sí, redujeron tanto que desaparecieron los medios

No había nada que hacer, sino seguir esperando, ya habían pasado casi dos horas y aún no se resolvía el tema de ingreso de periodistas, nadie acreditado, no estábamos en ninguna lista oficial de acceso, así como estaban los trabajadores del Palacio, prensa AN y seguridad.

Era evidente que el control de la sesión inicial del año lo tenía la GNB y quién sabe quien. Fuimos de nuevo todos a la entrada principal de la AN, donde ya se encontraban decenas de equipos antimotín de la GNB, ellos sí sabían que no nos iban a dejar entrar.

—La lista es la que ellos tienen, hay que esperar que nos den su lista para poder darles ingreso, dijo un coronel que estaba a cargo.

Esperando y esperando que bajaran la lista siguieron pasando los minutos, empezaron a llegar diputados y a presentar sus credenciales, les tomamos declaraciones y poco a poco empezaron a llegar más guardias y más PNB, acto seguido se cayó la señal de Movistar y Digitel. Sabíamos lo que estaba pasando, no querían que nadie supiera lo que iba a suceder en el hemiciclo.

El sol comenzó a cansarnos…Angel Medina, Ismael León, Carlos Valero, Carlos Prosperi, Eustoquio Contreras, Stalin González, Juan Guanipa, representantes diplomáticos de Francia, México y Brasil fueron entrando al presentar sus credenciales.

Faltaban diputados, pero no rumores de traición

Al pasar las horas, colegas tuvieron acceso gracias al wifi portátil a información que se estaba generando dentro del Palacio

—Duarte se vendió y no va a votar por Guaidó, no quieren dejar entrar a diputados, no dejan pasar a diputados de Amazonas en El Chorro…

Como fueron llegando uno a uno es difícil determinar la cantidad de parlamentarios que logró ingresar a la AN sin problemas, pero no eran todos. Así que un grupo de periodistas caminó dos cuadras abajo para ver qué estaba pasando, ya eran las 11 de la mañana, hora que fijaron para la instalación de la sesión.

Nos encontramos con que más de 50 diputados estaban intentando entrar pese al primer cordón de seguridad. Allí estaba Juan Guaidó junto a Delsa Solórzano, Nora Bracho, Amelia Belisario, Dennis Fernández, Rafael Veloz, María Beatriz Martínez, Marialbert Barrios y otros.

Realicé algunas entrevistas y todos condenaron lo que estaba sucediendo.

«Solo quieren evitar lo inevitable», «Dictadura», «Vemos como siguen violando los derechos», «No sabemos nada de ningunos diputados que se vendieron», «La dictadura solo quiere impedir que se visibilice lo que va a pasar, vamos a ratificar a Juan Guaidó como presidente de la AN y presidente encargado», «Condenamos que ustedes no puedan ejercer su labor hoy, son nuestros héroes»…

Fueron algunas de sus impresiones, pero seguíamos sin entrar.

La defensa de la GNB

A las 12:40 del medio día, intentó ingresar Juan Guaidó con su esposa y otro grupo de diputados y diputadas y esa fue la gota que esperábamos para actuar. Tras entonar el Himno Nacional, decenas de periodistas empezaron a grabar lo que fue el inicio de una golpiza que viví en carne propia.

Los guardias impedían el paso de Guaidó y quienes lo acompañaban, escoltas, fotografos, periodistas y Guaidó, todos quedamos aplastados para poder ingresar y la GNB hizo su mejor labor. Empezaron a empujarnos con los escudos, unos hacia adentro y otros hacia afuera, para hacer especie de un sandwich humano, en el que resultaron varias mujeres golpeadas, entre ellas la diputada Nora Bracho.

Cada quien se defendió como pudo, mientras a los alrededores el periodista de VTV Luis Hugas entró con una bolsa de comida a la AN, en su moto, con más poder que un diputado y con apoyo de la PNB.

Pedro Carvajalino, mejor conocido como “Cabeza e’ mango” se reía a carcajadas y grababa videos desde la tanqueta, mientras sucedía la golpiza.

Ya en este punto, muchos nos resignamos a que no íbamos a ingresar, así que tomamos agua y descansamos bajo el sol inclemente a esperar lo que iba a suceder, ya Guaidó había entrado y debía iniciar la instalación…

Sin señal, sin cuórum, sin votos

Decidí caminar hasta el piquete de la esquina El Chorro para entrevistar con los diputados de Amazonas que no pudieron ingresar.

«Al llegar nos encontramos con un piquete de la GNB, tenían un listado donde decía que estábamos inhabilitado el diputado Julio Ygarza y el diputado Simón Calzadilla, o sea que no tuvimos acceso al Palacio por razones obvias del régimen (…) están buscando la manera de salvaguardar los votos que compraron con los diputados pero los números no le dan. ¿Cuál es el miedo? Si el régimen puede tener su plancha que se mida con su plancha. ¡Nuestro candidato es Juan Guaidó como presidente encargado para este nuevo período», dijo Romel Guzamana (VP-Amazonas).

«La línea es que sino pasa un diputado no van a sesionar, estamos esperando instrucciones, pero no hay señal y son 5 piquetes y no han dejado pasar a varios diputados, y si faltan diputados sesionaremos con el pueblo».

Inmediatamente me informaron que se estaba juramentando el diputado Luis Parra como presidente de la AN, junto a Franklyn Duarte y Gregorio Noriega. ¿Dónde está Guaidó? ¿Votaron? ¿Qué estaba pasando?

Fue el diputado Ángel Alvarado el primero en salir una hora después y explicarnos: «Eso fue un desastre, nadie votó, Guaidó nunca entró, él se levantó y se autojuramento, no había cuórum», dijo consternado a representantes de la prensa que estábamos en ese punto.

Nora Bracho, Delsa Solórzano y otros diputados llegaron caminando hasta ese punto, las parlamentarias estaban sudadas, golpeadas y decepcionadas. «Nunca nos dejaron entrar al hemiciclo, nos arrastraron, nos golpearon, fue horrible, me siento mal», dijo entre sollozos una de ellas.

Instalación: El Nacional

Con más nada que hacer frente al piquete de la GNB, me trasladé con un grupo a la sede de El Nacional, donde se realizaría la sesión con Guaidó y no fue sino hasta las 5:35 de la tarde cuando se dio inicio a la instalación.

En este punto, ya sabíamos que varios diputados entre ellos Manuel González suplente de Américo De Grazia, William Gil (Cuentas Claras-Carabobo), Franklyn Duarte, Freddys Paz, Negal Morales, Kerrins Mavarez, Lucila Pacheco, Luis Loaiza y Richard Arteaga votaron a favor de Luis Parra como presidente de la AN.

Fue la diputada Solórzano la encargada de presentar la plancha que posteriormente resultó electa con 100 votos: Juan Guaidó como presidente, Juan Pablo Guanipa como primer vicepresidente, Carlos Berrizbeitia como segundo vicepresidente, Angelo Palmeri como secretario y Jorge Luis Cartaya subsecretario.

Juan Guaidó: Derrotamos contundentemente las pretensiones de la dictadura

“Ha sido un año muy duro, de lucha (…) Yo lamento profundamente el bochornoso show impulsado por la dictadura (…) Es injusto que en Zulia a esta hora no haya electricidad en gran parte del estado, así como en el oriente. Que el 83% de la población en sus casas se les fue el agua. Venezuela necesita una respuesta y los venezolanos hoy necesitan quién asuma la responsabilidad. Ustedes no merecen eso, y les pido perdón. Asumimos la responsabilidad que tenemos hoy los diputados, los dirigentes y que no es momento de estar repartiendo culpas (…) Aunque no es suficiente hoy derrotamos contundentemente a la dictadura, agregan a su triste expediente la consolidación de la dictadura».

Expresó que este 2020 es una segunda oportunidad para Venezuela. “Hoy no dudamos que somos mayoría, y que la podemos ejercer para lograr el cambio en Venezuela (…) Hoy vimos la locura y el desespero de una dictadura de un régimen que ni tiene votos. Tenemos que estar atentos. todos queremos un desenlace lo mejor posible. Luego de hoy, ¿qué va a decir la dictadura? El martes día de sesión, este Parlamento va a sesionar el martes a las 10:00 a.m. en el Palacio Federal Legislativo”, enfatizó, al tiempo que anunciaba su separación de la militancia en Voluntad Popular.

Tras casi doce horas de intentar cubrir la sesión, terminó el vía crucis del 5 de enero a las 7:40 p.m.

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Opinión

Descuido

«Padezco el desencuentro de sus manos hoy ajenas a mí. Tengo la sonrisa derruida al saber que otros besos la estremecen»

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Epílogo

La extraña sensación del encuentro libra dentro de mí una batalla de sentidos que se disparan sin un orden conocido. Sólo su mirar hace que deponga mis armas y desestime aquello que una vez asentí como voraz y único. Es un placer conocer que hace, que siente, como me miente en la lejanía de su mirada felina.

Padezco el desencuentro de sus manos hoy ajenas a mí. Tengo la sonrisa derruida al saber que otros besos la estremecen y la inquietan tanto como yo pudiera hacerlo. Ahora que tengo un doctorado en lencería, limito mis conocimientos a fijar mi mirada en su cabello, en sus palabras, en su calor incipiente que colman todo mi ser.

Es una lucha displicente de querer y olvidar en otras sábanas lo que llevo tatuado en mi corazón. Un corazón con infinidad de cuartos lleno de putas y de amores perdidos, de besos olvidados y de esencias de damas que daban amor de un día.

I

Quien la ve a primera vista teme repentinamente al saberla audaz y prepotente. Su inquietante manera de moverse expresa el repudio que posee ante todo aquello que está segura no es para ella. Sus ademanes de princesa fomenta en las cercanías sismos de acontecimientos que van desde la necesidad de rozarla hasta solo verla a lo lejos, cuando se despide de todos.

Ella es la afrodita activa, presente y deseable. Enamora con el elixir de sus palabras y genera heridas profusas con miradas de miel. Su olor a durazno, su piel de seda y sus ojos intensos de cazadora son la muestra palpable que inquieta a los guerreros en el fragor de una batalla ya perdida antes de iniciarla.

Escucharla es placentero. Sientes la cercanía del cielo en cada palabra dibujada en sus labios. Cada vocablo hace que te exasperes y padezcas la desesperación de los cantos de sirenas. Su silencio es salvaje y retumba en tus sentidos. No deseas que cesen sus sonidos. Es droga fastuosa para morir poco a poco sin dolor y con goce.

Su caminar deleita. Sus movimientos deducen pensamientos irracionales que describen el lúgubre e inmutable lado de la cama que aún permanece vacío. Ella sin embargo, con todos a sus pies, te ausculta y con una mueca de lástima te aleja lacerado con la convicción de no exponerse nuevamente a respirar el aire que la acompaña y la hace dueña de su mundo y en ese instante del tuyo.

II

La recuerdo con visos de dulzura. Nunca tuve la oportunidad de respirarla, solo de observarla mientras otros brazos me asfixiaban. Siempre la sentí como la despedida consciente de mis oportunidades. Las pocas encrucijadas de allegarme estaban enmarcadas en comentarios nefastos y dolorosos que limitaban el beso de bienvenida y nuevamente la veía alejarse, como la diosa que era y que hoy es.

Su signo era inexcusable. Enceguecía a todos. Nadie podía estar cerca sin sufrir las heridas del resplandeciente cometa que la protegía. Luchó con la delicadeza de las princesas y fue la victoria más respetada que aún hoy recuerdo en cada palabra que describo y en los desamores que se acuñaron en todo mi costado.

Luego desapareció. Se oculto de mi círculo vicioso y se adentro a una nueva etapa de logros y desilusiones que la hicieron más mujer, más ella, más toda.

III

Hace algunos meses la descubrí (en compañía de su porvenir)

IV

La respiro con palabras, la siento con frases, le temo con canciones y la descubro cerca muy cerca de mí en cada sensación de avistarnos en algún lugar lejos de todos y cerca de nosotros.

Hoy mantiene la postura de princesa que enloquece, hoy su olor a durazno inunda el espacio cuando con una humareda saca de sí el extraño olor a nicotina. Su piel de seda eriza con su cercanía mientras sus ojos de felina siguen cuidando, su vida, la vida.

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Opinión

La amante

La piel ungida del sudor de la pasión se encontraba a cada instante, los labios rozaban el paraje de cuerpos esculturales negados a existir

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Sólo tardaron quince minutos en despojarla de su más preciado tesoro, su vida.

Un vehículo muy despacio se acerca a la Esquina de Miseria, una puerta se abre y rueda un cuerpo por la calle hasta detenerse en el montón de basura que los lunes adornan la ciudad.

Según el parte policial, redactado como una carta de amor, se desprendían frases tan elocuentes que ni el mismo Oliverio Girondo o Benedetti imaginaron utilizar en sus poemas inquietos y descarnados. La hora de la muerte no era más que en el nacimiento del día capital donde el sol reinante ciega y acompaña a quienes perfumados salen a su jornada habitual, mientras que otros, con el licor en el cuerpo y con guitarras roídas por el tiempo y la nocturnidad, se acercaban a sus pensiones para cumplir con el trato más digno que da la vida, cambiar los soles por las lunas de desesperación.

Los discretos huyeron y los fisgones se acercaron al cuerpo que yacía agonizante. El rostro no existía y la sangre cubría la abundante cabellera roja que una vez fue envidia de todos.

La mujer estaba agonizando por amor, las palabras inentendibles solo exigían un beso como el deseo desesperado para morir con la sensación de sentirse amada en el último suspiro.

I

La mañana fue tan rutinaria como todas. Se levantó junto a su esposo y prepararon a los niños para ir a la escuela. Ese lunes quería sentirse atractiva y en su closet un vestido rojo titilaba como los semáforos dañados de los fines de semana.

Salieron todos de la casa y tomaron caminos diferentes.

El frío matutino y los ruidos de la calle no la distrajeron. Luego a la espera de su transporte fue presa del miedo que te descubre el final. Entró a empujones a un vehículo desconocido y pidió un beso como preludio al último saludo de la vida.

Una sombra la cegó y se sintió rodar por la calle hasta detenerse en un montón de basura maloliente que anulaban su perfume Carolina Herrera y la enviaban a otra estancia lejos muy lejos del todo.

II

Quienes la auxiliaron notaron su tez bronceada.

Su día de playa. Tres días antes. Lo disfruto como siempre lo hacía. Con un traje de baño que dejaba entrever el deseo de los hombres ausentes de pudor. Ella, secuestrada por el licor y los cigarros de mariguana dada rienda suelta a su querencia. Los besos, las risas, los roces indecentes abundaban en la arena. Se sentía libre y feliz ante el gesto de inmoralidad de su amante, quien la amaba desde los pies a la cabeza. El sol cayó y ellas huyeron al hotel más cercano para sentirse únicas.

Sonaron las sirenas y los agentes del orden público se acercaron al cuerpo ya carente de alguna imagen humana. No disimularon el terror que les arrojo la masa de carne que estaban observando y llevaron sus manos a los rostros por la dantesca escena que jamás olvidarían. En silencio se acercaron y rezaron lo conocido y desconocido. Las palabras de la moribunda, ante aquellas peticiones, murmuraron una plegaria a su Diosa Oshún, a quien le imploró la llenase de amor y de paz para despedirse con serenidad de este mundo.

La Diosa ya no la escuchaba. Y las campanadas de la Iglesia de Santa Teresa dieron las ocho como premonición discreta de los números que una vez aprendió para adorar la sincretizada Santísima Caridad del Cobre.

Cinco años antes la Orishá Oshún la tomó como su hija.

La veneró hasta el punto de entregarse en cuerpo y alma. Durante cuatro años no dudo de ningún mandato y asintió como aguerrida Hija de La que se mueve que su subordinación le otorgaría todas sus peticiones. Sin embargo, como digna hija, sucumbió ante la sensualidad, la coquetería y la sexualidad.

Una petición de operarse sus atributos de hembra le fue negado, y sin poder evitarlo, la vanidad atesto un golpe mortal, grito en medio de la ceremonia que su destino lo dictaría su sentido común, y vagó fuera de las aguas que inquietas no pudieron disculpar la afrenta.

Hay quienes dicen que el santo le dio la espalda.

Meses después de su operación no respetó la advertencia dada. El licor, el sexo desaforado y las drogas invadieron su segunda vida, ignorada por su familia. Cada vez la promiscuidad y el deseo de probar los sabores de hombres y mujeres dictaminarían su destino de sentido común y tocaría el fondo de sus creencias, de su cuerpo, de su vida. En la marejada de descontrol conoció al amor de su vida y salvaje implacable de su último suspiro.

III

Las ambulancias llegaron al sitio con su despavorido chillido de pavor. Varios enfermeros se acercaron al auxilio innecesario de salvarla. El más agreste levanto su cara y en medio de la cabellera roja y la sangre vio sus  elekes, la reconoció como hija de Oshún, y acercándose a su oído le murmuro, hermana ya La que se mueve te espera, tómale la mano y deja que tu rojo vestido se tiña de amarillo y ámbar, ya estas llegando a casa.

Faltaban nueve meses para el 8 de septiembre y ya la hermosa hija de Oshún no escucharía los tambores de celebración. Había muerto.

La ilusión del amor había colapsado.

IV

En los tiempos de perdición la compañía la dejaba exhausta. Hombres y mujeres probaron de su insensatez y en el muladar de sentimientos reconoció a quien encajaría en sus deseos. La morena del deseo se adentró en su piel, disfrutaron de la libertad clandestina y sopesaron la doble vida como una virtud para seguir amándose en la oscuridad de los días.

La piel ungida del sudor de la pasión se encontraba a cada instante, los labios rozaban el paraje de cuerpos esculturales negados a existir. Cada instante era oportuno para sentirse, para tocarse.

Senos chocando en la reyerta inequívoca de tomarse para sí.

Los meses pasaron y la felicidad iluminaba su rostro, fue en ese instante que decidió hacer cambios radicales en su imagen y un color de vida encendió su cabello. En esos días la vida marital con su esposo mejoró y las excusas de ausencias se opacaban con un sexo voraz que hacía temblar los cimientos de la casa.

El amor y el deseo dieron comienzo a la monótona reacción de los seres humanos cuando ya los secretos están descubiertos. Las miradas furtivas estaban atrapadas en la constante necesidad de cambios y colapsó todo.

La morena de los sueños húmedos perdió la imaginación y hubo una mudanza de sentimientos. Otra boca de niña disfruto de los besos usados y nuevas caricias la hicieron sudar el aroma de lunas de encuentros y desencuentros.

La desesperación del abandono no se hizo esperar y las llamadas de súplicas para un regreso se sumergían en horas enteras de llantos. Las lágrimas se transformaron en rencor y la misiva de los corazones rotos se apresuró a salir con frases de amenazas que eran contestadas con risas y truculencias.

La noche anterior al vestido rojo, un bullicio erizo su piel. Su amante asintió que moriría con el amor que le negó y, un respiro de gritos de silencio, la conminó a creer que la muerte la estaba acechando.

En la puerta de la casa al despedirse de su esposo y sus dos hijos, sintió que el ruido y el frío de la ciudad le preparaban un último transitar.

V

El calor de los golpes.

No era la primera vez que estaba en esa esquina. Era normal verla acicalarse para que la vieran. El frío se tornó intolerable y su escote dejo al descubierto como sus senos se retraían para despistar al inquieto aire que la recorría.

Se horrorizo al sentir el calor del primero golpe y luego otro. Algo la empujo a la puerta trasera de un vehículo que desconocía. En su interior las palabras se acallaban con dientes filosos que mordían sus labios y hacían que la sangre brotará. Luego más golpes que hacían que el frío desapareciera para llevarla a un estado radical de tranquilidad.

Ya no sentía la violencia con que los desconocidos mancillaban su rostro de diosa. Se hundió en un hueco profundo donde los gritos afloraron. Los golpes arreciaban y la risa de la muerte se apoderó del pequeño espacio donde le robaban los sentidos.

El humo de un cigarrillo la intoxico una vez más. Quería moverse y sus brazos no respondían, sus piernas eran partes muertas. Mordió su lengua con tanta fuerza que nuevas bocanadas de sangre dibujaron una sonrisa en el techo del vehículo. La respiración desesperante de sus verdugos se entrelazó con el sudor de su cuerpo, ya extraño, dándole un sabor a mar cada vez que las manos ajenas seguían destruyendo la boca que tanto besaron y tantos desearon.

Oyó el crujir de los huesos y recordó que su madre la besó incansablemente cuando en un juego de niñas se fracturó una pierna. Recordó que los besos siempre la curaban en sus momentos de mayor tristeza.

Unas palabras la hicieron despertar de su sueño mortal. No entendía el por qué de esta situación. Imaginó que habría pasado un largo tiempo en este trance.

Desde su interior retumbaron sonidos nunca escuchados. Su respiración la estaba abandonando, al igual que los recuerdos de su vida plena. Sintió el final y el deseo de un beso que la curará la llenó de esperanzas. Sus ojos cerrados sintieron el dolor cuando la luz otra vez cubrió su rostro.

Disparada desde el interior del vehículo se desvaneció en la calle que tantas veces recorrió y ya su perfume no se distinguía.

Pidió un beso. Oró a su madre Oshún y entendió que sólo tardaron quince minutos en despojarla de su más preciado tesoro, su vida.

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