Contáctenos

Opinión

La inoculación de la “Neolengua” Chavista

Inocularon su neolengua y su resentimiento… y aún así hay gente que está segura que “elección” es igual a “democracia”

Publicado

el

Por Joale Aristimuño

Nadie lo ha dicho. O al menos muy poco. Pero el “Por Ahora” se convirtió en slogan sin ningún esfuerzo de marketing, sin ninguna inversión, más allá de la sangre derramada y aún así se inoculó en lo más profundo del coloquio, “No viajaré a Miami… “Por Ahora””. Sin saber que cualquier frase que la antecediera podría ser un decreto o el vestigio de una catástrofe.

Lo mismo pasó cuando el espacio para el debate de las ideas se convirtió en un largo monólogo o en obituario al poder legislativo… incluso, cuando apelando a la jerga popular para empatizar con el voto de quiénes han elegido la debacle por 20 años, se enarboló eso de “Águila no caza moscas, diputada”. Se viralizó, pasó de ser una burda analogía, al chiste de quiénes también se oponían a quien la pronunció. Hicieron humor y se adueñaron de la frase que tuvo que haber llamado la atención. Lo aceptamos.

Pasó también cuando se empezó a notar la falta de inversión en la energía eléctrica, eso que después llamaron “Servicio Eléctrico Nacional” y quien lo dañaba no era el descuido gubernamental, sino iguanas y ataques del “imperio”. Nos reímos, lo aceptamos. Otros hicieron suyo ese discurso y en la queja por falta de luz, prefirieron llamarle “racionamiento eléctrico”. A los apagones, a las muertes de pacientes renales y oncológicos, a los accidentes en las autopistas que por falta de luz impidieron a Mónica Spears, a Luis Valbuena, entre otros tantos más llegar a casa.

Normalizaron el caos, o eso quisieron hacer. A la inflación le llamaron “aumentos de sueldo para proteger al pueblo”. Coaccionaron a la empresa privada, manipularon los adjetivos y quisieron convertirlos en verbo. Manipularon desde lo más inocente, pero también lo mas certero, la palabra.

Inocularon su discurso. Tanto, que “fascistas, golpistas, terrorismo de Estado e imperio”, lo usaron para calificar de enemigos a quienes se oponen a los que si lo ejemplificaron por años. Inocularon su neolengua y su resentimiento… y aún así hay gente que está segura que “elección” es igual a “democracia”.

En el primer episodio de #UnPodcast desarrollamos esta temática. Intentamos desmontar la neolengua chavista para entender verdaderamente lo que sucede con el gobierno de Nicolás Maduro. Para ello, un periodista venezolano, ex reportero de Venezolana de Televisión, nos cuenta como sus jefes coaccionaban y amenazaban para poder implantar el discurso oficial.

@joalearistimuno

www.joalearistimuno.com.

Opinión

El turno al bate de Stalin González

Publicado

el

Bienvenidos a este juego de Ligas Mayores y no Grandes Ligas donde en medio de la persecución política, la dictadura, el hambre y la migración, siempre hay tiempo para una birra, el hot dog y esa buena silla que amortigua los problemas de 30 millones de venezolanos. Las críticas resbalan sobre el indiferente bloqueador de actores y politiqueros.

Parte Baja del octavo inning y es el turno del segundo bateador designado Stalin González. Desprevenido y escapado del home de sesiones, le viene una recta que no sabe si podrá batear. No hay tiempo de amagar. El pitcher desde el montículo de las redes sociales observa esa bola ir hacia el cátcher de la inconformidad y desesperanza. Millones de espectadores en las gradas hacen un molesto ruido de silencio cuando solo se escucha el silbido de la opinión pública durante su trayectoria.

El marcador muestra dos outs, corredores en primera y segunda. La confianza está depositada en él y todo su equipo, aunque sigan abajo en la pizarra. La tensión de segundos pareciera de años. Los aficionados, mientras siguen el desplazamiento del cuero lanzado, recuerdan cada inning del cotejo. No ven carreras sino persecuciones, no observan batazos sino balazos. Cada almohadilla es un exilio, aunque para llegar ella, el acosado se deba arrastrar. Sobre la tierra teñida de sangre, el toque de bola es un golpe y el out un asesinato. Sigue la cocida y va a mitad de camino mientras el bateador designado sonríe, no sabemos si por miedo o porque, en medio de la tragedia que padece Venezuela, cuando se juega, también se debe disfrutar por unos días para no claudicar.

Dentro de las tribunas, a la par, otras historias se tejen. Uno de los asistentes pide una salchicha al vendedor, pero como en aquella cuña navideña, la respuesta fue: “no mi amor, los vendí todos”. El que pide agua, obtiene un chaparrón de sequía y el que solicita una pastilla le dan un link en su celular sin datos para que lo pida a domicilio por Gofundme. Al ver un mal juego y sin poder comer, tomar o aliviarse, muchos deciden irse del estadio, aunque el partido se lleve en su propia casa. Fuera del campo, son esperados por coyotes quienes los roban, humillan y devoran.

Stalin, prestado para el encuentro, toma con fuerza su bate del discurso porque sabe que el flash de la egolatría, la adulación y el “llevar pal rancho” está encendido. RRSS, como buen pitcher, endereza su lead y cuerpo después del lanzamiento. Le gritan traidor, contra, colaboracionista, guerrero del teclado y más. Incólume y de mirada fija, la indignación le dio empuje para disparar esa bola que será bateada, tal vez, por el designado que se quiso poner sobre el diamante; él no lo escogió.

Bateador de manos más endebles que su discurso, suda, y cuando la pelota se acerca, se da cuenta que el madero hecho con la leña del árbol caído podría romperse si la recta es recibida con el mango del palo.

Viene la bola, el bateador levanta sus codos y… No sabremos qué pasó porque se acaba de ir la luz.

Continúa leyendo

Opinión

Laberintos

La muerte tendría que visitarlo algún día y así sucedió

Publicado

el

Los fenómenos ambientales libraban la batalla única por poseer el nombre de la temporada.

Días atrás, un fuerte viento proveniente del sureste del país había calado desdichadamente en las viviendas endebles de aquellos, que con esperanza y fe, viajan a la capital de esta nueva República a buscar el sueño jamás encontrado. Los diarios, el constante tintineo de las emisoras radiales y los noticiarios televisivos solo describían la hecatombe que se avecinaba en contra de todos.

Entretanto, desde una paupérrima habitación con vista a los escombros y basura de una clínica de transformación de mujeres bellas en muñecas de cera, se atisbaba la mirada displicente de su inquilino.

Una máquina de escribir, tres cajas de cigarros, unos ganchos para colgar la desdicha, innumerables ideas sobre la vieja cama, la mesa improvisada para trabajar y el baño húmedo y triste que conformaba lo que había denominado su hogar dulce hogar, cuando en realidad no pasaba de ser un simple cuchitril para dormir e invitar amigas buenas algunas noches.

La incertidumbre estaba a la vuelta de la esquina, de allí que se dedicaba a evitarlas, por ello, comía en la casa de los chinos que se encontraba en medio de la calle, donde preparaban el peor pabellón criollo de todo el planeta, sin embargo, era económico y por lo menos se podía intercambiar tres o cuatro ideas que servían para conocer más a los asiáticos y escribir más cuentos que no relataran la retórica condición de hablar de su vida, sus amores y su patética manera de enamorarse de los imposibles corazones de féminas pertenecientes a los niños ricos.

La vida seguía su curso sin motivos que lo indujeran a pensar en otra actividad que no fuera escribir, borrar, recordar y anidar en su alma, el pasado que tanta dicha y desdicha le acechó los sentidos para convertirlo en el hombre que era ahora y que todos creían conocer, sin tener una idea cercana siquiera de quién es y por qué todos los días amanece más muerto que el día anterior.

Todos especulaban acerca de su condición y nada acertaban.

Esperaban a diario recogerlo muerto para leer sus escritos y encontrar el nombre de aquella que le arrancó el corazón y las alas, a través de una mirada frívola que se confundía con el humo dañino de un cigarrillo.

Era una puta vida en una puta ciudad. Por eso los vientos que destrozaban todo no le conminaban a preocuparse por nadie, donde él, en tercera persona se manejaba para evitar las confrontaciones directas y el escrutinio perspicaz de sus allegados.

La muerte tendría que visitarlo algún día y así sucedió.

La Parca llegó al pequeño recinto que lo mantenía muerto en vida. Al entrar sintió la desolación y con su hoz en la mano, se sentó en su cama para verlo dormir las tres o cuatro horas que tomaba para descansar.

Una lágrima se descontó de la cara de huesos de la muerte, sus manos cubiertas por el manto negro que evitaba rozar a los mortales, temblaban desaforadamente sin explicación alguna.

Intempestivamente se levantó y miró a su alrededor. Las ideas flotaban apresuradas y los cuentos escritos en hojas amarillas gritaron al saberse solos y desamparados.

La muerte pidió calma y escrutó a cada uno esperando una condición que la hiciera desistir de su tarea milenaria.

Algunas ideas reían por ser solo ideas y nunca haber llegado a convertirse en hechos. Los cuentos, se desgranaban describiendo cada capítulo de hechos convertido en letras coherentes que siempre tenían el mismo final: la desesperación.

Todos quería hablar y el escándalo despertó a las lágrimas de la almohada que se habían mantenido distantes del ser extraterreno. Cada una tenía su historia, pero acordaron ordenarse para contar el porqué de la sombra que cobijaba al inquilino.

La primera lágrima se dispuso a relatar su pesadumbre y entre gritos de silencio describió el abandono. Sucesivamente todas expresaban lo que los cuentos y las ideas no podían contener en papeles y luces precarias de días y noches de licor y humo.

La lágrima del abandono dio paso a la soledad, al amor no correspondido, a la pérdida, a la lujuria, a la felicidad, a la distancia, al regreso, al hambre, a los amigos y a los enemigos.

Por último, la lágrima del día, discrepó de todas y en su irrisoria vanidad de ser la más importante, pidió silencio, pues el joven inquilino, ya había despertado y gemía nuevamente para librar su batalla diaria, no repetir el nombre, ese nombre: (…)

fantasmasazules.blogspot.com

@benemerito2010

Lea también: Método

Lea también: Las nueve

Continúa leyendo

Opinión

Volver a la Venezuela, informalmente dolarizada

Publicado

el

Por Joale Aristimuño

Era 26 de febrero de 2018 y faltaban dos días para la quincena que para aquel momento poco servía. De Barquisimeto a Maiquetía son 45 minutos en avión, y yo debía esperar al menos 10 horas en el aeropuerto internacional Simón Bolívar al avión que me llevaría directo a mi exilio… No había fecha de retorno. Sólo unos cuántos bolívares que debían quedarse justo ahí, a metros del mar donde deberán enterrad mis cenizas por si alguna vez me toca naufragar y después que el tifón rompa mis velas.

950 mil bolívares reposaban en mi cuenta, ya en la billetera no había nada. Eso, lo equivalente a casi tres sueldos mínimos para la época y “privilegiado” por ganar como ganaban solo 4 compañeros más en aquella empresa. Y pido disculpas si parece una historia de antaño, pero es que, ante ceros y devaluaciones, la cuenta la perdí. Y aclaro, el monto disponible no era el resultado total de mi trabajo como periodista de tv, la diversificación laboral, al menos, me hizo acumular un poco más para mi despedida.

No se a cuánto equivale aquel sueldo por estos días, ni siquiera se cuanto se deba trabajar ahora para comprar una hamburguesa, como aquella última que me comí en Maiquetía. Si sé, pero me cuesta entenderlo, al menos asimilarlo.

El dólar ya no es un tabú ni un secreto para la gente. Es el lenguaje diario de quien no tiene cambio para un billete de 100 y de quien exige que sea entregado como un contrato notariado… sin tachaduras ni enmiendas. Moda que solo Venezuela es capaz de implantar. El bolívar -con b minúscula para que no sea aún más reducido con el tiempo- es sólo una referencia de costo para el plan de datos Movistar y para el pago mensual del agua, que aún duele pagar por algo que llega, como llega la coherencia de algunos opositores, de vez en cuando y sin hacer ruido.

La miel, las catalinas y las cachapas, están mas cotizadas que un Starbucks para un recién llegado a Estados Unidos. Se cotizan en dólares, aunque su materia prima sea más criolla que el queso e’ mano. Volver al terruño, ya no es volver al origen, es visitar una atracción de Disney acabada en socialismo y atendida por quien cree ser su propio dueño. Pagas en dólares, pero te reciben con los ánimos del tergiversado bolívar. Es pagar a precio de economía estable, productos que viajaron continentes enteros, burlaron aduanas y posan en bodegones, sin generar impuestos como si de Zona Franca se tratara, pero más costosos que tiendas de aeropuerto. Moneda que no quiere dejar morir la actividad comercial de un país ajeno al suyo, pero que lo acogido sin ser presentado en alguna cena familiar. Tiene el carácter una esposa, pero lo tratan como la amante. Parece un super héroe, pero execrado de la liga de la justicia.   

En este 2do episodio de #UnPodcast hablamos de la informalización del dólar en Venezuela. Un buen amigo, después de 18 meses fuera del país decide regresar por unos días para visitar a su familia. Se encontró con productos absurdamente dolarizados y con bolívares tirados al suelo. Con una economista intentamos explicar este fenómeno y desmontamos la “inflación” en dólares que se vive en territorio venezolano. ¿Existe realmente?

www.joalearistimuno.com.

@joalearistimuno

Continúa leyendo
Slide background
Slide background
Slide background

EknuusRadio

podcast

Slide background

EknuusRadio

podcast

Slide background

EknuusRadio

podcast

Slide background

EknuusRadio

podcast

Publicidad

PODCAST

Más Leídas