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Teoría del “sistema inmunológico humano” podría ser efectiva para luchar contra grupos de odio en línea

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Investigadores de la Universidad George Washington y de la Universidad de Miami, plantean cuatro políticas para una intervención efectiva contra los grupos que gobiernan la estructura y la dinámica del ecosistema de odio en línea.

Un estudio realizado por un grupo de investigadores de la Universidad George Washington y la Universidad de Miami de los Estados Unidos sobre  la dinámica de los grupos de odio en línea, demostró que la solución para contrarrestar su crecimiento en las diferentes plataformas de redes sociales podría estar en la aplicación de la teoría del “sistema inmunológico humano”.

Partiendo de esta teoría, consideran que la creación de un grupo artificial de usuarios contra el odio, podría ayudar a  contrarrestar a aquellos que fomentan el odio en línea. “Esto animaría las interacciones entre éstos (los pro y contra) y haría luego que los grupos de odio luchen posteriormente sus diferencias entre ellos.”

De acuerdo al minucioso trabajo realizado por el equipo de investigadores que lidera NF Jhonson en el Departamento de Física y la Escuela de Asuntos Internacionales de la indicada universidad estadounidense, así como del Departamento de Informática de la Universidad de Miami, los métodos actuales utilizados para prohibir el contenido de odio han sido ineficaces a pesar de los esfuerzos que realizan a  diario los administradores de las  plataformas.

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El equipo de investigadores planteó cuatro estrategias potenciales que podrían ayudar a combatir el odio en línea, ante esta realidad que parece superar la labor preventiva que realizan los administradores de redes sociales.

De acuerdo al  modelo planteado (estrategia Nº 3), tales “batallas eliminarían efectivamente a  grandes grupos de odio que tienen puntos de vista opuestos”. Una vez activado, requerirían poca intervención directa de los administradores de la plataforma; sin embargo, establecer grupos opuestos entre sí requeriría una ingeniería meticulosa,” tal y como explican en el artículo publicado por la revista científica Nature Communications.

Infiere el equipo de Jhonson que el odio en línea y las narrativas extremistas están relacionadas con los eventos abominables del mundo real, incluido un aumento actual de los crímenes de odio, el aumento alarmante de suicidios juveniles como resultado del vitriolo de las redes sociales; el tiroteo masivo, la captación y el tráfico sexual de niñas como novias de combatientes de grupos armados extremistas, entre otros no menos graves.

“Las plataformas de redes sociales parecen estar perdiendo la batalla contra el odio en línea y por ello necesitamos urgentemente nuevas ideas. Aquí mostramos que la clave para comprender la resistencia del odio en línea radica en su dinámica global de red. Los grupos de odio interconectados forman ‘autopistas del odio’ globales que, con la ayuda de adaptaciones colectivas en línea, cruzan las plataformas de redes sociales, a veces usan ‘puertas traseras’ (incluso después de ser prohibidas), y saltan entre países, continentes e idiomas.

Incesante la labor de los administradores de Google para detectar contenido y grupos de odio y aún siguen siendo insuficientes los resultados.

“Vigilar una sola plataforma empeora”

Predijeron que la vigilancia dentro de una sola plataforma (como Facebook) puede empeorar las cosas, y eventualmente generará ‘piscinas oscuras’ globales en las que florecerá el odio en línea. “Observamos que la red de odio actual se reconecta rápidamente y se repara automáticamente a nivel micro cuando se ataca, de manera que imita la formación de enlaces covalentes en la química.”

 “Esta comprensión nos permite proponer una matriz de políticas que puede ayudar a derrotar el odio en línea, clasificada por la granularidad preferida (o legalmente permitida) de la intervención y la naturaleza de arriba hacia abajo versus de abajo hacia arriba.”

 En tal sentido, ofrecen evaluaciones cuantitativas de los efectos de cada intervención. Esta matriz de políticas también facilita una herramienta para abordar una clase más amplia de comportamientos ilícitos en línea como el fraude financiero.

NF Jhonson y sus colaboradores ven favorable el reconocimiento de que los clústeres se auto-organizan a partir de un grupo de usuarios inicialmente desordenado. Es por esta razón que recomiendan a los administradores de las plataformas que promuevan la organización de grupos de usuarios contra el odio, que podrían servir como un «sistema inmunológico humano» para luchar y contrarrestar los grupos de odio.

Quedó demostrado que el autor del crimen masivo en El Paso, Texas, fue influenciado por grupos de odio en línea.

¿Cómo persiste el ecosistema de odio en línea en las plataformas de redes sociales y qué medidas se pueden tomar para reducir efectivamente su presencia?

En el informe elaborado por Johnson y sus colaboradores, explican el comportamiento de las comunidades en línea de odio que residen en múltiples plataformas de medios sociales. “Allí aportan luces “sobre su estructura y dinámica” y basado en una minuciosa observancia proponen 4 políticas para reducir el contenido de odio en las redes sociales.

“Vivimos en una época de alta interconexión social – señala Jhonson- en la que las opiniones compartidas en una región geográfica no permanecen localizadas espacialmente, sino que pueden extenderse rápidamente por todo el mundo gracias a las redes sociales en línea. En tal sentido, la alta velocidad de tal difusión plantea problemas para quienes vigilan el discurso de odio y crea oportunidades para que las organizaciones nefastas compartan sus mensajes y expandan sus esfuerzos de reclutamiento a nivel mundial.”

De acuerdo al análisis de los investigadores cuando la vigilancia de las redes sociales es ineficiente, el ecosistema en línea puede convertirse en un poderoso instrumento de radicalización.  De ahí que “comprender los mecanismos que rigen la dinámica de la comunidad de odio es, por lo tanto, crucial para proponer medidas efectivas para combatir tales organizaciones en este campo de batalla en línea,” agregaron.

Jhonson y colaboradores examinaron la dinámica de los grupos de odio en dos plataformas de redes sociales, Facebook y VKontakte, durante un período de unos pocos meses. Los grupos se definieron como páginas o grupos en línea que organizaban a las personas que compartían puntos de vista, intereses o propósitos declarados similares en las comunidades.

 Estas páginas y grupos en plataformas de redes sociales contienen enlaces a otros grupos con contenido similar al que los usuarios pueden unirse. A través de estos enlaces, los autores establecieron las conexiones de red entre grupos y pudieron rastrear cómo los miembros de un grupo también se unieron a otros grupos. Dos grupos (grupos o páginas) se consideraron conectados si contenían enlaces entre sí. El enfoque de los autores tenía la ventaja de no requerir información a nivel individual sobre los usuarios que son miembros de grupos.

“Son altamente resistentes”

En el análisis hecho por NF Johnson y su equipo quedó demostrado que los grupos de odio en línea están organizados en grupos altamente resistentes. “Los usuarios en estos grupos no están localizados geográficamente, pero están interconectados globalmente por ‘autopistas’ que facilitan la propagación del odio en línea en diferentes países, continentes e idiomas. “

Explicaron que cuando estos grupos son atacados o cuando los administradores de plataformas de redes sociales los eliminan,  “se reconectan y reparan rápidamente, y se crean fuertes lazos entre grupos formados por usuarios compartidos entre ellos, de forma análoga a enlaces químicos covalentes”. En algunos casos, dos o más grupos pequeños pueden incluso fusionarse para formar un grupo grande, en un proceso que los autores comparan con la fusión de dos núcleos atómicos, “usando su modelo matemático.