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Adoro

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Adoro a esas parejas que se devoran en besos furtivos. Siempre los observo con morbo para poder sentir desde lejos aquello que siempre hago. No es extraño para mí verlos convertirse en un amasijo de carnes que pierden su naturaleza con la excusa de sentirse amados, comprometidos y de alguna manera ilógica unidos hasta el fin de los tiempos.

Algunos me leerán con desatino y solo entenderán lo que su corta moral puede juzgarcomo un hecho enfermizo de opinar sobre quienes están felices y yo, desde mi perspectiva subjetiva, los señalo con animadversión.

Adoro a quienes en sus fantasías de aspereza se niegan a escuchar palabras de adhesión de almas y posteriormente de cuerpos. Los observo desde cerca y descifro su inopia para aceptar los besos clandestinos que le obsequian sus amantes de turno. Todos tenemos amantes de turno y deseos lóbregos.

Quienes aún me leen entenderán que esto es una carta de amor, claro, si no los anubla ese aprendizaje pueblerino del pecado y sus consecuencias.

Adoro el final de las relaciones, siempre traen consigo ese misterio de conocerse después del después. Es allí, donde todos estamos desnudos. Nos presentamos como lo que somos.Utilizamos el mejor disfraz, el de la verdad verdadera. Notamos en nosotros las miserias y las reflejamos en el objeto sabido para el odio, en este caso, el de la ex pareja.

Adoro las cartas de amor. Hacen tiritar los sentidos y nos colocan en una perspectiva de LSD. Es cierto, la carta del ser amado nos hace desvariar, por eso evitamos hacerlo enfrente de todos. Nos ocultamos en el cuarto, en el baño o esperamos que la oficina este vacía y, allí, desembocamos toda esa ternura que disimulamos para demostrar que somos fuertes y que, ya nuestro apreciado corazón, posee la coraza que impide la intromisión de las letras. Nadie quiere que vean a su corazón latir mientras emana la savia de la vida con tanta rapidez que parecería un ejercicio físico y no uno hormonal, perdón, genital, perdón, sexual, perdón normal.

Adoro el sexo y todas sus rutilantes acepciones. Mientras más lo alejan de la cotidianidad más se acerca a mí. El sexo en sí es todo y nada. Todo cuando empieza y nada cuando termina. Podría pasar un día entero disfrutando de sexo tántrico, con una de esas comeflores que se pasean por mi casa, porque sé que al final somos tan fachosos que terminaremos acabando con la comedia de no tocarnos, para llevarlo a un plano más prosaico, el intercambio de fluidos y sus derivaciones posteriores, que no es más que la revisión de la biblioteca personal para sacar a relucir ese polvoriento libro llamado el kamasutra y, tratar de entender esas caricaturas, el mío es de caricaturas, que seguramente darán más placer a eso de entrar y salir de músculos contraídos por la acumulación de sangre.

Adoro esta carta de amor. Es más real que las de Manuelita y Simón Bolívar. Mientras ellos acuñaban al rocío mañanero y al singular sonido de las gotas de lluvia rozando con los cuerpos el verdadero amor, aquí expreso que lo mejor es aquello que nos negamos a sentir, porque para decir tonterías estamos todos listos.

Para quienes siguen en este momento leyendo estas líneas les recuerdo que es una carta de amor.

Adoro a las ex novias. Siempre están a punto de llorar o de odiar. Me excitan sus palabras lógicas y profundas que explayan en sus reuniones de dignidad. Es una constante oírlas desde lejos decir: !Lo que no sucedió, no sucedió! !Me agoté de su abandono y, tomé, el rumbo a mi felicidad! !Comencé a salir con Mauricio Antonio, porque él dejó ese espacio para que entrará! !Era la hora de tomar esta decisión, ya la había pensado hace meses! !Él nunca va a cambiar! Y las más románticas: !Nunca abonó el amor, el amor es como una planta que no florece sino hay detalles! !La magia se perdió y sus palabras de fuego cavaron la fosa de nuestras querencias! !En el encuentro de las almas la suya siempre fue estática y la mía alegre y aventurera! y la más crucial: !Le di la oportunidad de cambiar, pero él, nunca lo quiso además me aterrorizaba el saber que eran tan dependiente de mí!

Adoro a los ex novios. Siempre lloran. Me estimulan sus palabras cuando el final está encima de ellos. Siempre sonrió al oírlos gemir mientras se arrastran de la borrachera y dejan consumir el cigarrillo, sin ni siquiera aspirarlo, mientras murmuran las palabras más bellas que oído humano pueda percibir: Es una grandísima puta.

Adoro a las amantes. Siempre sonríen y nunca están claras en nada. Al principio la pasión desbordada y el comentario fútil de Pronto estaremos juntos para siempre se impregna en esa habitación de hotel con olor a desinfectante barato. Me gusta verlas caminar por las calles con un aire de vencedoras de una guerra que solo libran ellas, sin embargo, las entiendo, pues he sido amante y he tenido que cubrirme el pecho con la sábana blancuzca mientras la dueña de mis pasiones se viste y, con un movimiento peculiar de su mano izquierda, me despide, no sin antes, dejarme algunas monedas en la mesita de noche que siempre oculta una biblia que no leo para sacar de mi pensamiento, de una vez por todas, el  concepto campesino del pecado y sus consecuencias.

Adoro a los amantes. Siempre sonríen y siempre sonríen. Sienten sin sentir y los más osados pagan el cuarto de hotel con la tarjeta de crédito, envían flores, regalan chocolates y continuamente están perfectamente planchaditos y olorosos a perfume caro. También he sido amante, pero mi economía es tan precaria que el amor me dura lo que dura el crédito de mi Mastercard. Los hombres amantes siempre cometen un error inconcebible, se enamoran el mismo segundo, la misma hora, el mismo día del mismo mes y del año en curso que los están botando. Los recuerdo con un anillo en el bolsillo de su pantalón, con la alegría en la cara, las manos temblorosas y el sudor frío que opaca el perfume caro. Logró sentirlos cerca de su amaba, casi de rodillas, esperando la respuesta de su querencia que se diluye en un: Eres bueno, pero mereces a alguien mejor que yo. Que mierda. Pero si los adoro.

Adoro las despedidas. Siempre son pragmáticas y reales. Hasta en cartas de amor me enferman las palabras finales que llegan a algo. Es por eso que adoro estas despedidas con puertas y ventanas abiertas y un frío intenso que te hace estremecerse hasta los dientes.

Si muchos de ustedes creen que esto no es una carta de amor, lo entenderé, aceptando las críticas, se imaginan por qué. Porque adoro que me lean sin pudor, sin sensatez, sin moral, sin lucidez, con morbo, teniendo sexo o simplemente tocándose, despechados o enamorados, amantes mujeres, amantes hombres, ex novios, ex novias, y grandísimas putas pues todos lo somos.

Y si no, no hemos adorado nada.

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Decir de adioses

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Ha pasado el tiempo y me reinvento sin tu presencia. Es inadmisible no asegurar que otras bocas han mancillado mis labios sin obtener la respuesta inmediata que me daba la hiel que una vez probé de ti. Asiento que fueron segundos los que disfrutamos y me culpo incesablemente de los errores que jamás podré borrar de tus pensamientos.

Ha pasado el tiempo y descubro que la soledad reina en mí sin importar la compañía que se acerca displicente a mi cama algunas noches perturbadoras de cigarros. Un sorbo de vino tinto me hace desvariar y aún sueño despierto rozarte las manos y sentir el calor que necesito a ratos y no por siempre.

Las despedidas son más placenteras, siempre lo han sido en mi vida. Arrancarme el corazón y dibujarlo en palabras es más sencillo que presentarlo ante todos y gemir de dolor cuando en la oscuridad de un cuarto recuerdo los días de gloria y las pasiones de sonrisas encontradas.
Los recuerdos me invaden.

Es tu rostro el que me llama, y yo, muero por tomarlo y ocultarlo de todos. La palabra necesidad es una ilusión desaparecida hace tanto ya.  Intento olvidar lo inolvidable y solo quejas regresan a mi cabeza. El juego maquiavélico de tu tiempo retumba en mi estancia y, camino para librar otra lucha que pronto perderé sin palabras, gestos o llamadas esporádicas que nunca llegan a nada.

Ha pasado el tiempo y por más que lo desee tu aroma recubre mi cuerpo.  Ansío verte cada día como el primer día. Ansio besarte como el primer beso. Ansio tocarte como la primera vez que te toque, sin embargo, todo se vuelca contra mí y nuevamente me reencuentro con la despedida a cuentagotas que deje que pasara.

No necesito las migajas de tus sonrisas, no necesito los cuentos que no me interesan de tu nueva vida, no necesito la sencillez de tus palabras para obviar el interés perpetuo de verte y sentirte nuevamente.

Desaparezco con la intensidad de las luces sepia de mí transitar de amor. Espero una respuesta a mis llamados incesantes de volver sin querer hacerlo. No deseo el pasado que me hizo feliz, deseo el presente que me hará respirar tus ojos, observar tus dulces pensamientos y tocar tu silueta elocuente que me exige atreverme.

Las palabras se ocultan en risas sin sentido. El acostumbrarse a todo sin importar lo que dejamos destruir es sin lugar a dudas, el quehacer diario de no poder tocar la puerta de una casa que ya no existe.

Ha pasado el tiempo y ya no tenemos que decirnos. Ya no hay tema que ocupe ese espacio vacío que antes ocupaba mi sonrisa mientras fumaba. Quizá es cierto, la única huella indeleble de mi presencia se resume en un recuerdo baladí que para mi sigue siendo presente. Sigo fumando y sonriendo sin parar, esperando llenar algo que para mí también está hueco.
Es reprochable aceptar que mi presencia no genere algo más que mi vicio inocuo o es simplemente que mis pasos son tan tenues que nunca sellaron un episodio digno que malgaste por lo menos una maldición al aire que me recuerde.

Me resigno en pensar que hay algo más que no se debe recordar y por ello, simplemente me anulan las ganas con una oración tan insignificante que me hace sentir el olor a tierra mojada y el ocaso de una despedida que nunca debió ser.

Ha pasado el tiempo y me reinvento sin tu presencia. Quiero querer no quererte mientras en otras sonrisas busco la tuya. Divago en manos que me auscultan el cuerpo y el alma. Eres tú o soy yo a quien busco en realidad. A quién le temo. A quién extraño. A quién quiero ver en realidad sonriendo. A quién veo en el reflejo del espejo fumando y sonriendo. A quién debo reinventar para saciar este decir de adioses que sepulta tu recuerdo noche tras noche y se aviva día tras día con nuevas caricias, nuevos besos, nuevos deseos y prontas despedidas.

Ha pasado el tiempo y aún no me reinvento sin tu presencia. 

fantasmasazules.blogspot.com

@benemerito2010

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Diario (Quién es quién)

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Día uno “¿Quién es la puta?” (El)

El sudor recorre mi cuerpo y me levanto como siempre a las tres de la mañana. Es una sensación nefasta que genera la culpa por alguna acción acometida y de la cual no tengo explicación.  Siempre me sucede. Me culpo y los espasmos hacen todo lo biológicamente existente para hacerme padecer, sin embargo, no hay nada que un baño con agua caliente y jabón azul no puedan lavar y despercudir.

Los últimos acontecimientos me han hecho entender que sigo siendo una puta descorazonada y sin sentimientos. Quizá las experiencias pasadas forjaron un corazón coraza, medianamente indestructible, nada a mi alrededor me hace daño o siquiera incite a emborracharme y llamar a las tres de la mañana a aquella mujer que una vez fue compañía infame.

Siempre he sido el señalado. Siempre he sido el malo de la película. Siempre he sido la mortecina de los sentimientos. Siempre he sido la llamada en momentos de desesperación. Siempre he sido la última opción. Siempre he sido el que vale cuando está y cuando no, es un recibo de luz caduco y sucio. Siempre he sido el causante de desgracias de vida alegre de niños jugando en el jardín y una casita con vista a la pradera. Siempre he sido y, esto no lo puedo negar, el pecado de mojigatas y el deseo de despechadas.

La vida me ha enseñado que hay alguien más puta que yo. Y lamentablemente siempre la he conseguido cercana a mí, unida a mí, parte de mí. La sospecha es incuestionable y me abrazo al deseo de la puta alfa, que no es más que mi conciencia retumbándome que somos uno solo y que de ahí, nadie me saca.

La culpa no me acompaña y la cobardía que hasta hace algunos días alguien quiso fecundar en mi corazón, se disipó con un soplo de realidad: nadie puede ser digno de mi cuando quieren ser como yo, o parecerse, o imitarme o equivocarse públicamente y querer aparentar ser decente y honorable. Lo que las diferencia de mí es que ni soy honorable, ni decente, ni siquiera moral, soy eso que critican y evitan por aparentar que no tienen macula.

Los cuestionamientos son parte recurrente de mis relaciones, siempre me confunden con un Don Juan cuando en realidad no paso de un espanta moscas de esquina, pero proyectan en mí una imagen que nunca les vendí, pero que asumen que soy. El secreto es que vivo como ellas temen todos los días vivir. Vivo libre, me siento libre, soy libre y sin pudor, por acciones que a muchos y muchas sonrojaría.

Hoy es un día peculiar. Respiro el mismo aire que todos pero soy el desecho. El que nunca cumplió con los sueños de las princesas de cuentos. Soy el árbol caído. Soy el príncipe gris y tenue. Soy el borracho de botiquín que nadie saluda. Soy la promesa no cumplida. Soy la despedida. Soy el mal recuerdo. Soy el agua contaminada. Soy la mosca en la sopa. Soy el último trago de ron. Soy el cigarro que sabe a azufre. Soy la perdición de los sentimientos. Soy a quien no quieren nombrar mientras en otros labios, otros brazos y otros cuerpos se revuelcan sintiéndose puras y cubiertas por el manto de la divina misericordia.

Mi defecto es ser como soy y eso las excita. Las pierde. Las mueve. Las paraliza. Las crucifica. Las desenmascara. Las hace ver como son en realidad. Las hace salir de las sombras. Las evidencia. Las señala. Las califica y las enumera para que sean una más de un sinfín de sudores que manchan mi cama, mi espejo y mi cepillo de dientes.

Una raya más en esa pared que se cubre de sombras de inmaculadas que de dientes para afuera me siguen señalando, pero que de dientes para adentro quieren parecerse a mí, pero son tan deplorables que no saben ni copiar los principios básicos de ser puta ,que no es más que solo serlo.

Camino nuevamente las calles que ya recorrí y descubro que nada ha cambiado.  Las mujeres que compartieron conmigo parte de mi esencia, terminan en un hueco deforme de contradicciones que las ubican donde siempre estuvieron: Un pedestal de barro que las sumerge en el muladar de sus miserias.

Este es mi primer día, de un diario que apenas comienza.

fantasmasazules.blogspot.com

@benemerito2010

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Opinión

Usuarios en twitter reaccionan ante el informe de la ONU

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El pasado jueves fue difundido el informe de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos (ACNUDH). En twitter los cibernautas volvieron tendencia #BacheletVzla #HablaBachelet #Michelebachellet. Al respecto, el presidente de Argentina se ha pronunciado, también representantes del del acontecer político a favor del gobierno y de oposición.

Lea También: Informe de Michelle Bachelet comprueba la violación de DDHH en Venezuela

El reconocido economista José Toro Hardy se pronunció sobre el informe.

El gobierno del presidente Maduro ha calificado el informe de la ONU como desequilibrado y mentiroso.

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