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Ahora qué

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Despertó y se sentó en la cama. Tomó un cigarrillo y derribando la promesa de años anteriores volvió a fumar en el cuarto. El humo infectó todo el espacio y se sintió libre, dos bocanadas bastaron y se llenó de energía para emprender un día más de su inmerecida vida.

Ahora con los años a cuestas dormía con un pijama blanco, ya los desnudos que antes lo liberaban y lo diferenciaban de todos habían pasado y mientras más sintiera el calor, por lo menos de la ropa, menos solas se tornaría sus noches privadas antes por licor y ahora plagadas de pastillas.

Con displicencia se levantó, primero, colocando su pie derecho en el piso y, luego, el izquierdo, cuando los dos estuvieran juntos erigiría su barbilla y de un solo impulso se pondría en pie, así evitaba los mareos que durante el amanecer lo hacía perder el equilibrio y caer estrepitosamente en el piso, cerca de la papelera impresa con una foto de Nueva York que junto a un cojín hace ya cinco cumpleaños le había regalado.

Logró su cometido y se dirigió al baño. El cepillo ya roído permanecía impoluto dentro del cajetín del espejo, lo tomó y emprendió otra manía adquirida con los años. Cepilló diente por diente mientras se observaba las arrugas que día a día iban ocupando la frontera de sus ojos y de su frente.

El hilo dental, luego el baño con jabón azul, el cual nunca dejaba terminar, siempre lo desestimaba cuando sentía que estaba tomando un olor a recuerdo de años de locura, de fiestas hasta el amanecer, de humo, putas y ron.

Ahora como único legado de sus tiempos se detenía desnudo frente a la ventana y dejaba correr las gotas que se diluían con la brisa de las medias mañanas de la ciudad que desde hace algunos meses se tornaba más y más fría.

Las conversaciones en la cocina eran las más esperadas. Mientras preparaba el desayuno se interpelaba hasta el punto de discutir tan agresivamente que en ocasiones no comía solo por no conciliar la idea de su yo interno que era más testarudo que él. Había mañanas que si se entendían y podían prolongarse hasta mediodía, con carcajadas, anécdotas, chistes y chismes de alguna que otra vecina que desde la ventana dejaba entrever parte de su silueta desnuda para alertarlo que algún día sería bienvenido.

I

La tarde era menos placentera. Planchaba su ropa con cuidado excesivo. Poco a poco escogía que colocarse, pese a que al final siempre utilizaba lo más cómodo o aquello que no lo destacara de nadie. Había aprendido a ser invisible como modelo indispensable de cuidado.

La música lo acompañaba y en otra ridícula jornada inventaba palabras para renunciar al trabajo que ahora lo ahogaba en sus noches y no lo dejaba vivir tan normal como todos, tan patético como todos, tan regular, tan simple, tan obvio, tan sencillo, tan nada como aquellos que se desprendían de los recuerdos para ostentar esa vida que tanto anhelaron y que ahora los dejaban tan huecos como lo que siempre fueron.

Las diatribas no paraban y en su incorregible forma de hacerse historias en su cabeza se inventaba ocasiones de felicidad junto a mujeres inexistentes que sólo conoció en otras vidas y no está que consumía con pesimismo y desprecio en los últimos meses de frío que calaba en los huesos.

Asentía con felicidad esos días de mentiras donde todo era una fiesta. En su mente se entrelazaban noches de risas y de besos encantados. Recordaba en el imaginario la noche que borracho acompañó a una desconocida a su casa y se durmió en el taxi. Reía hasta llorar, pues cada recuerdo se olvidada de inmediato y no volvía a imaginarlo. Algunas veces creía que eran parte de su historia pero todo se desplomaba cuando otro cuento se creaba en su cabeza.

Las despedidas siempre estaban presentes y lloraba con la mentira creada. Una constante era ineludible todas tenía razón y mientras unas se hacían llamar drásticas e inquebrantables, otras se escondían en baños orientales mientras gritaban que lo amaban y en sus cuerpos otras manos ya mancillaban el tesoro de su ser.

Las maneras más románticas también estaban presentes y mientras el humo del cigarro se confundía con el vapor de la plancha construía diálogos de esas féminas que sólo en su mente habían existido.

Al concluir el planchado se sentaba en la cama frente al televisor apagado y esperaba la hora de alistarse sin pensar, solo respirando y viendo el reloj naranja que ante el silencio de la casa retumbaba segundo a segundo siguiendo el compás de su corazón.

II

Salió de su casa. Cerró la puerta con una tranquilidad que antes no poseía. Colocó los audífonos en sus oídos y aisló el bullicio de la ciudad que no paraba de ser fría. Mientras caminaba hasta el metro otra historia se forjó en su cabeza.

Con la intención de hacerla placentera se imaginó en la playa tomado de la mano con una sirena de ojos oscuros que no paraba de hablar y él absorto solo fingía escucharla. Sonreía y fumaba sin creer que ese sería el único recuerdo que esa fantasía tendría. El licor era parte de la juerga que emprendía ese nuevo cuento que insistía en un juego de cartas que no terminó nada bien y, de pronto, un estallido, unas palabras y nuevamente la despedida llegaba sin reconciliación mientras la puertas del vagón se abrían y el tumulto lo empujaba hasta las escaleras mecánicas donde ya otro olor, otro roce, otra cara le hacía olvidar la mentira inventada en su cabeza.

Leyó caleidoscopio en una pared del subterráneo y se imaginó que el concepto tendría que relacionarse con una vista hermosa de un paraje inquietante que lo haría respirar aire puro rodeado de nefastas compañías que limitaban su necesidad de hacer otro cuento.

Deslastró esa idea inocua y se imaginó en un cerro donde todos siempre estarían felices. De inmediato reaccionó con frenesí y su mente lo engaño otra vez. Se vio corrigiendo errores básicos a desconocidos  donde una mujer despuntaba y con un dulce en los labios miraba con complicidad la cercanía que pronto se haría historia.

Se dejó llevar unos instantes y la historia tomó un camino jamás trazado. Abrazados en un mueble de un pub se comían a besos dos cuerpos necesitados de estar juntos. El trago amargo pasaba por los labios de miel y explotaban en una pasión que nacía cada momento sin esperanza, con engaños, con máscaras, escondidos en corazones muertos que alertaban que nada valía la pena. Despertó del letargo y no recordó el inicio del cuento y mientras subía nuevamente por las segundas escaleras que lo llevarían a la boca de la realidad la sintió pasar a su lado tomada de la mano de otro hombre, dejándolo sin esperanzas.

III

Llegó al quiosco que cerca de su nuevo trabajo lo dotaba de agua. En los últimos meses el hábito se intensificó y se mantenía con una botella que llenaba constantemente para mantenerse con una fuerza vital que lo hacía caminar. Se desprendió de los audífonos y escuchó el escándalo de la calle. Entre los gritos, las cornetas y esmog creyó pensar en un apellido impronunciable de origen italiano acompañado de un nombre de flores hermosas, mientras tomaba el primer trago de agua una ficción llegó y en el instante que nuevamente colocaba sus audífonos se vio tomando cerveza y hablando placenteramente con una mujer de curvas pronunciadas.

Las palabras iban y venían mientras ella trataba de explicarle cómo besar a una mujer. Describía paso a paso que se debía hacer, cómo se debía hacer, tomaba entre sus manos su cara y se acercaba. Nada lo hacía reaccionar, un bloqueo llegaba a su mente y el cuento no se libraba como si la mentira estuviera soñando lo mismo en el mismo instante para quedar marcada en los recuerdos que se olvidan.

No soñó más. Despertó en la puerta de la oficina y nuevamente no recordó. Insistió en recomenzar y no lo logró, sabía que algo faltaba pero eran tantas las invenciones en su cabeza que se rindió una vez más y dejo ir la idea.

IV

Se sentó frente al computador. Sacó una toalla húmeda y limpió el teclado. Revisó religiosamente cada nota de prensa y tomó anotaciones, miró a los lados y no reconoció a nadie. Eran caras perfectamente extrañas a él y a su entorno. Se aisló nuevamente y miró al frente, entre el monitor y los cables palideció al ver un rostro con una risa de encanto. La ignoró y dejó que una vez más una historia naciera en su cabeza. No llegaba nada. Las ideas eran difusas. Volvió a levantar la cabeza y no la vio más. Se resignó a creer que las apariciones existían y continúo su trabajo.

La madrugada nació mientras abría la puerta de la casa. Al ingresar recordó que la luz del baño no servía, se quejó una vez más de su memoria. Dejó el bolso en el mueble de la sala, sacó los teléfonos y encendió la computadora, colocó música y se sentó a escribir.

En una página en blanco solo logró colocar un título inentendible y se preguntó y ahora qué.

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Opinión

Adoro

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Adoro a esas parejas que se devoran en besos furtivos. Siempre los observo con morbo para poder sentir desde lejos aquello que siempre hago. No es extraño para mí verlos convertirse en un amasijo de carnes que pierden su naturaleza con la excusa de sentirse amados, comprometidos y de alguna manera ilógica unidos hasta el fin de los tiempos.

Algunos me leerán con desatino y solo entenderán lo que su corta moral puede juzgarcomo un hecho enfermizo de opinar sobre quienes están felices y yo, desde mi perspectiva subjetiva, los señalo con animadversión.

Adoro a quienes en sus fantasías de aspereza se niegan a escuchar palabras de adhesión de almas y posteriormente de cuerpos. Los observo desde cerca y descifro su inopia para aceptar los besos clandestinos que le obsequian sus amantes de turno. Todos tenemos amantes de turno y deseos lóbregos.

Quienes aún me leen entenderán que esto es una carta de amor, claro, si no los anubla ese aprendizaje pueblerino del pecado y sus consecuencias.

Adoro el final de las relaciones, siempre traen consigo ese misterio de conocerse después del después. Es allí, donde todos estamos desnudos. Nos presentamos como lo que somos.Utilizamos el mejor disfraz, el de la verdad verdadera. Notamos en nosotros las miserias y las reflejamos en el objeto sabido para el odio, en este caso, el de la ex pareja.

Adoro las cartas de amor. Hacen tiritar los sentidos y nos colocan en una perspectiva de LSD. Es cierto, la carta del ser amado nos hace desvariar, por eso evitamos hacerlo enfrente de todos. Nos ocultamos en el cuarto, en el baño o esperamos que la oficina este vacía y, allí, desembocamos toda esa ternura que disimulamos para demostrar que somos fuertes y que, ya nuestro apreciado corazón, posee la coraza que impide la intromisión de las letras. Nadie quiere que vean a su corazón latir mientras emana la savia de la vida con tanta rapidez que parecería un ejercicio físico y no uno hormonal, perdón, genital, perdón, sexual, perdón normal.

Adoro el sexo y todas sus rutilantes acepciones. Mientras más lo alejan de la cotidianidad más se acerca a mí. El sexo en sí es todo y nada. Todo cuando empieza y nada cuando termina. Podría pasar un día entero disfrutando de sexo tántrico, con una de esas comeflores que se pasean por mi casa, porque sé que al final somos tan fachosos que terminaremos acabando con la comedia de no tocarnos, para llevarlo a un plano más prosaico, el intercambio de fluidos y sus derivaciones posteriores, que no es más que la revisión de la biblioteca personal para sacar a relucir ese polvoriento libro llamado el kamasutra y, tratar de entender esas caricaturas, el mío es de caricaturas, que seguramente darán más placer a eso de entrar y salir de músculos contraídos por la acumulación de sangre.

Adoro esta carta de amor. Es más real que las de Manuelita y Simón Bolívar. Mientras ellos acuñaban al rocío mañanero y al singular sonido de las gotas de lluvia rozando con los cuerpos el verdadero amor, aquí expreso que lo mejor es aquello que nos negamos a sentir, porque para decir tonterías estamos todos listos.

Para quienes siguen en este momento leyendo estas líneas les recuerdo que es una carta de amor.

Adoro a las ex novias. Siempre están a punto de llorar o de odiar. Me excitan sus palabras lógicas y profundas que explayan en sus reuniones de dignidad. Es una constante oírlas desde lejos decir: !Lo que no sucedió, no sucedió! !Me agoté de su abandono y, tomé, el rumbo a mi felicidad! !Comencé a salir con Mauricio Antonio, porque él dejó ese espacio para que entrará! !Era la hora de tomar esta decisión, ya la había pensado hace meses! !Él nunca va a cambiar! Y las más románticas: !Nunca abonó el amor, el amor es como una planta que no florece sino hay detalles! !La magia se perdió y sus palabras de fuego cavaron la fosa de nuestras querencias! !En el encuentro de las almas la suya siempre fue estática y la mía alegre y aventurera! y la más crucial: !Le di la oportunidad de cambiar, pero él, nunca lo quiso además me aterrorizaba el saber que eran tan dependiente de mí!

Adoro a los ex novios. Siempre lloran. Me estimulan sus palabras cuando el final está encima de ellos. Siempre sonrió al oírlos gemir mientras se arrastran de la borrachera y dejan consumir el cigarrillo, sin ni siquiera aspirarlo, mientras murmuran las palabras más bellas que oído humano pueda percibir: Es una grandísima puta.

Adoro a las amantes. Siempre sonríen y nunca están claras en nada. Al principio la pasión desbordada y el comentario fútil de Pronto estaremos juntos para siempre se impregna en esa habitación de hotel con olor a desinfectante barato. Me gusta verlas caminar por las calles con un aire de vencedoras de una guerra que solo libran ellas, sin embargo, las entiendo, pues he sido amante y he tenido que cubrirme el pecho con la sábana blancuzca mientras la dueña de mis pasiones se viste y, con un movimiento peculiar de su mano izquierda, me despide, no sin antes, dejarme algunas monedas en la mesita de noche que siempre oculta una biblia que no leo para sacar de mi pensamiento, de una vez por todas, el  concepto campesino del pecado y sus consecuencias.

Adoro a los amantes. Siempre sonríen y siempre sonríen. Sienten sin sentir y los más osados pagan el cuarto de hotel con la tarjeta de crédito, envían flores, regalan chocolates y continuamente están perfectamente planchaditos y olorosos a perfume caro. También he sido amante, pero mi economía es tan precaria que el amor me dura lo que dura el crédito de mi Mastercard. Los hombres amantes siempre cometen un error inconcebible, se enamoran el mismo segundo, la misma hora, el mismo día del mismo mes y del año en curso que los están botando. Los recuerdo con un anillo en el bolsillo de su pantalón, con la alegría en la cara, las manos temblorosas y el sudor frío que opaca el perfume caro. Logró sentirlos cerca de su amaba, casi de rodillas, esperando la respuesta de su querencia que se diluye en un: Eres bueno, pero mereces a alguien mejor que yo. Que mierda. Pero si los adoro.

Adoro las despedidas. Siempre son pragmáticas y reales. Hasta en cartas de amor me enferman las palabras finales que llegan a algo. Es por eso que adoro estas despedidas con puertas y ventanas abiertas y un frío intenso que te hace estremecerse hasta los dientes.

Si muchos de ustedes creen que esto no es una carta de amor, lo entenderé, aceptando las críticas, se imaginan por qué. Porque adoro que me lean sin pudor, sin sensatez, sin moral, sin lucidez, con morbo, teniendo sexo o simplemente tocándose, despechados o enamorados, amantes mujeres, amantes hombres, ex novios, ex novias, y grandísimas putas pues todos lo somos.

Y si no, no hemos adorado nada.

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Opinión

Ascenso

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Primer piso

Una luz tenue se aproxima lentamente hasta dejarse colar por la rendija de una de las ventanas nunca antes abierta. El reflejo ante el oscuro y lúgubre lugar deja entrever dos cuerpos sudorosos que minutos antes se desvanecieron en un trueque ancestral de deseos mundanos que hoy, rigen la vida de hombres y mujeres.

Todo se observa con la claridad pertinente, un cenicero atiborrado de colillas, tres botellas de vino tinto Carbernet  Sauvignon de los Valles del Maipo, tres preservativos en el suelo de la habitación, dos aún con la savia del trabajo cumplido y uno destruido por los molares enardecidos de la desesperación. Un olor gris y sepia incomoda lo existente, el caos persiste mientras en cada rincón del precario sitio se dejan percibir los colores penetrantes de la ropa interior.

Una mueca de descontento despierta a la plácida pareja que se integra con la misma rapidez con la que se desbordaron de placer. Prueban un sorbo del licor abandonado y encienden un cigarro mientras sus cabezas explotan ante la llegada inoportuna de la resaca moral.

Segundo piso

Si soy honesto me encantan sus gestos. Dos jóvenes seudo liberales se aproximan demasiado con la vibración que generan las cornetas de su reproductor de sonido. La nueva era musical sirve para ajustar lo que antes costaba meses enteros conseguir. La divinidad prohibida está allí, presente en cada sonrisa, en cada mirada, la pareja desea entregarse pero el temor implícito los detiene. Una suave caricia los desvanece en besos encontrados que no llegan a cumplir la misión. Luego un portazo, un padre con labios desordenados y la cólera invadiendo sus palabras golpea con certeza las cabezas de los jóvenes ávidos de ternura y novatos en la sodomía.

Tercer piso

Una mujer se disuelve entre las calles que se aprecian desde su balcón. No hay una lágrima donde debería existir un torrente caudaloso. Su tristeza, es mezquina y constante. En el día no la deja vivir y las noches son mortandades de suspiros que desintegran las estrellas. El recuerdo perdura en su cuerpo mientras aprisiona a su corazón la fotografía de su hijo, desaparecido y enterrado en una fosa común junto a la nada.

Sólo espera la muerte con un cuchillo que penetra su corazón hasta hacerla sonreír. Un hilo de sangre recorre la casa y comienza a gotear lentamente hasta detenerse. En la víspera de su despedida ve al hijo, perdido y enterrado abriendo la puerta.

Cuarto piso

Un grito despavorido lo despierta. Se levanta de su cama. Prueba un trozo de pizza olvidado la noche anterior y se sienta frente a su computadora. Comienza a escribir sobre los amantes furtivos del primer piso a quienes unió la noche anterior con marihuana y licor. Siente el morbo en los roces desconocidos de los jóvenes en el segundo piso a quienes alienta todos los días a través de sus correos sodomitas. Tiembla de pavor al ser partícipe de las cartas de desconsuelo que envió mintiendo a su amante del tercer piso. Se desconcierta un segundo, pero continúa escribiendo, es su pasión, es su tarea, es su destino buscar o hacer que existan las historias que pagan la cuenta.

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Opinión

El cambio llegará en agosto

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Por Christian Bártoli

28 07 1983. La numerología de Juan Guaidó está marcada por el número 1, nos dice que es una persona brillante, creativo y un líder por naturaleza, pero no del tipo que busca liderar por ambición, es más bien algo que otros ven en él por la seguridad y sabio accionar que refleja, Guaidó tiene como número externo, profesional y Don el número Maestro 11, es una persona que ha venido con un plus a este plano para traer un mensaje que llegue a todos… su número misión también es 11 así que indudablemente es un líder que llega a cambiar las cosas y a cumplir con un objetivo mayor para Venezuela.

La vibración de este 2019, le afectará con un 4 como número interno, se sentirá muy conectado con la razón, reestructurándose a cada momento para poder cumplir su rol, aunque precisamente es esta responsabilidad la que lo hará tener etapas de frustración y sentimientos de estancamiento por no generar los cambios en tiempos previstos… sin embargo, es un año donde él está en acción y vibrando alto por lo que todo indica que será quien ponga las bases estructurales para una nueva etapa en el país.

Sombra: Es propenso a ser dominado por su ego… emocionalmente puede no tener la suficiente madurez para sobrellevar toda la responsabilidad que le ha sido dada. Tendrá que estar muy centrado para no traicionar sus principios.

PROYECCIONES PARA LOS PRÓXIMOS MESES DEL 2019

Junio: Guaidó servirá de puente para las comunicaciones de Venezuela con el resto del mundo y deberá tener cuidado de traiciones muy cercanas.

Julio: Será un mes para evaluar lo ocurrido y concretar la opción más adecuada en meses venideros, no habrán mayores cambios o quizá se sucederán eventos que hagan parecer que todo el proceso que dirige está estancado

Agosto: Es un mes de LIBERTAD

Septiembre: Será un mes de CRISIS

Octubre: Profundización, viajes y contención… Tendrá que utilizar todos sus conocimientos y apoyo espiritual para avanzar

Noviembre: Es el mes del PODER, estarán dadas todas las condiciones vibracionales para que Juan Guaidó haga las transformaciones que ha venido proyectando en el 2019 para VENEZUELA!!!

Diciembre: Cierra un ciclo en su vida y para el país.

Instagram: @numerologiapop

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